14 sept. 2008

Oración por la curación interior






Oración por la curación interior

Señor Jesús, Tú has venido a curar los corazones heridos y atribulados, te ruego que cures los traumas que provocan turbaciones en mi corazón; te ruego, en especial que cures aquellos que son causa de pecado. Te pido que entres en mi vida, que me cures de los traumas psíquicos que me han afectado en tierna edad y de aquellas heridas que me los han provocado a lo largo de toda la vida.

Señor Jesús, Tú conoces mis problemas, los pongo todos en Tu Corazón de Buen Pastor. Te ruego, en virtud de aquella gran llaga abierta en Tu Corazón, que cures las pequeñas heridas que hay en el mío. Cura las heridas de mis recuerdos, a fin de que nada de cuanto me ha acaecido me haga permanecer en el dolor, en la angustia, en la preocupación.

Señor Jesús, cura todas esas heridas íntimas que son causa de enfermedades físicas. Yo te ofrezco mi corazón, acéptalo, Señor, purifícalo y dame los sentimientos de Tu Corazón divino. Ayúdame a ser humilde y benigno.

Señor Jesús, concédeme la curación del dolor que me oprime por la muerte de las personas queridas. Haz que pueda recuperar la paz y la alegría por la certeza de que Tú eres la Resurrección y la Vida. Hazme testigo auténtico de Tu Resurrección, de Tu victoria sobre el pecado y la muerte, de Tu presencia viviente entre nosotros. Amén.

V/. Cor Iesu. R/. In Te confido.
V/. Cor Iesu. R/. Omnia pro Te.
V/. Cor Iesu sacratissimum. R/. Miserere nobis.

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2 sept. 2008

Pío XII a un grupo de vespistas





Discurso del Santo Padre Pío XII

A un grupo de vespistas y deportistas españoles [*]

Castelgandolfo
Viernes 2 de septiembre de 1955


Desde los mas alto de la meseta castellana —atravesando ríos, subiendo laderas, bordeando mares y devorando siempre kilómetros— habéis querido llegar hasta esta casa del Padre común, amadísimos hijos vespistas y deportistas españoles, para testimoniarle vuestro afecto filial y vuestra más sincera devoción; y Nos, al acogeros cordialmente, os confesamos que pocas veces hemos considerado, con mayor simpatía que en el caso vuestro, lo que significan esos ligeros y eficacísimos medios modernos, que han puesto el motor al alcance de todos y, con el motor, la posibilidad de dominar fácilmente los espacios y consumir las distancias.

Maravillas del ingenio humano que, poco a poco, dibujando manillares, adaptando transmisiones, acoplando rodamientos, discurriendo complementos tan indispensables como son los neumáticos, inventando frenos, instalaciones eléctricas, tipos de cuadros y de suspensiones y otras pequeñeces mil, han venido a concretarse en esas máquinas tan sencillas, tan perfectas y tan al alcance de todos.

No faltarán personas de oído delicado o enemigos de todo riesgo que encuentren algo que decir sobre el inconfundible estruendo que acusa vuestra presencia en las calles de las ciudades, o sobre esa escurridiza agilidad que os permite deslizaros entre vehículos y personas, con rapidez rayana en lo increíble; ni faltarán tampoco quienes pongan por delante los inconvenientes que veces se pueden seguir de esa facilidad para los desplazamientos.

Pero, Nos deseamos poner de relieve el evidente progreso que todo esto significa, al elevar el nivel de villa en aquellas categorías sociales que no pueden disponer de elementos mecánicos más costosos y que, gracias a su pequeña máquina, irán así fácilmente al lejano trabajo, desempeñarán más amplia y más cómodamente su ordinaria profesión y hasta acaso cumplirán mejor con sus deberes religiosos; sin contar aquel honesto esparcimiento al que aspira un día de la semana el que pasa las demás jornadas dedicado a la fatiga y al trabajo, y sin hablar de casos, como el presente, en que vuestras máquinas, en alegre y sencilla caravana, serán un símbolo de esa fraternal unión internacional, que tanto deseamos, y os darán la posibilidad de venir a recibir la bendición del Vicario de Cristo.

Usad vuestras máquinas, pero procurando hacerlo siempre con aquella prudencia, aquella discreción y aquel respeto que os consigan, a vosotros y a ellas, la simpatía y el afecto de todos.

Amad vuestras máquinas, pero acordándoos de que antes que ellas estáis vosotros mismos; están vuestros deberes familiares, sociales y religiosos; está toda una vida humana que no puede convertirse en una especie de anejo de un puro medio de locomoción.

Hemos oído que en vuestro programa están contados hasta los golpes de los pistones de vuestros motores en todo el viaje; como éste tiene por centro esta visita a vuestro Padre común, queremos suponer que esos golpes son como los latidos de vuestros corazones, corno la expresión de un amor filial que ampliamente correspondemos. Gracias por vuestra presencia y gracias por vuestros generosos dones.

Hemos oído también que entro vosotros hay representantes de las diversa regiones, que forman la gran patria española. Así podréis llevar más fácilmente Nuestra Bendición a todos; Bendición que de manera particular queremos daros a vosotros, hijos amadísimos, a vuestras familias, a vuestra Asociación ―cuyo digno presidente, aquí presente, especialmente bendecimos― a todos los vespistas y deportistas españoles y a toda esa España, por Nos siempre tan amada.

[*] Discorsi e Radiomessaggi, vol. XVII, págs, 207-208.

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1 sept. 2008

Rialp publica un conjunto de homilías hecho sobre el Misal de San Pío V



Evangelio y oración. Lectio divina


Mons. Pedro Rodríguez

Conjunto de homilías sobre el evangelio de la Misa de los sucesivos domingos del año litúrgico. Un libro, pues, para hacer oración con la Palabra de Dios. El autor lo denomina con la expresión clásica lectio divina para indicar que ha de ser lectura orante, meditada en diálogo con el Señor y aplicada a la vida cotidiana.

Cód.: 140237 ISBN: 978-84-321-3701-3
12,5X19,0 cms. 304 págs. Rústica

[Más información]

Este libro es un conjunto de homilías sobre el Evangelio de la Misa de los sucesivos domingos del año litúrgico. Un libro, pues, para hacer oración con el Evangelio en referencia a la liturgia. El autor escribió esas homilías va a hacer ahora 50 años [ca. 1958], cuando era capellán en la universidad de Madrid.

La lectio divina del Evangelio en oración, que se ofrece en este libro, está hecha sobre el Misal de San Pío V, que entonces era todavía sencillamente “el Misal”. Estas homilías muestran la continuidad de la Palabra de Dios en medio de los cambios y reformas de los ritos litúrgicos.

«Al releer estos papeles, comenta el autor, he comprobado que hay una continua insistencia en que la donación de la fe y el mensaje cristiano son llamada de Dios para ser respondida no fuera del mundo sino (...) en toda la actividad cotidiana, privada y pública, de hombres y mujeres. Era el impacto en mi predicación de la “unidad de vida” del cristiano, de que nos hablaba de manera inolvidable san Josemaría Escrivá de Balaguer».



En la foto, Benedicto XVI conversa con el profesor de la Universidad de Navarra Mons. Pedro Rodríguez; en el centro, Mons. Grab, Obispo de Coira, Suiza (03/02/2006)


Prof. Dr. Pedro Rodríguez

Mons. Pedro Rodríguez, nació en Cartagena (España) en 1933. Doctor en Teología y en Derecho. Prelado de Honor de Su Santidad (1993). Académico de Número de la Real Academia de Doctores de España y de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino.

Profesor Ordinario Emérito de Teología Dogmática de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, en la que ha sido Director del Departamento de Eclesiología (1975-99), Director de «Scripta Theologica» (1975-88), Director de Investigación (1985-87) y Decano de la Facultad (1992-98).

Miembro del Consejo Asesor de “Revista Española de Teología” (Madrid), “Rivista Teologica di Lugano” (Lugano, Suiza) y “Anuario de Historia de la Iglesia” (Pamplona, Navarra).

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