8 dic. 2012

Benedicto XVI sobre las ideología del liberalismo y la tecnocracia




BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

1. [...] Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres. [...]

4. [...] El que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. Estos derechos y deberes han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros, empezando por los civiles y políticos.

Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. A este propósito, reitero que la dignidad del hombre, así como las razones económicas, sociales y políticas, exigen que «se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan» [Carta enc., Caritas in veritate (29 junio 2009), 32: AAS 101 (2009), 666-667]. La condición previa para la realización de este ambicioso proyecto es una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad. A este bien corresponde un deber y un derecho que exigen nuevas y valientes políticas de trabajo para todos.

5. Actualmente son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes, que se pueden estructurar teniendo a Dios como referencia última. No basta con disposiciones de muchos medios y una amplia gama de opciones, aunque sean de apreciar. Tanto los múltiples bienes necesarios para el desarrollo, como las opciones posibles deben ser usados según la perspectiva de una vida buena, de una conducta recta que reconozca el primado de la dimensión espiritual y la llamada a la consecución del bien común. De otro modo, pierden su justa valencia, acabando por ensalzar nuevos ídolos.

Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. Desde otra perspectiva, sin embargo, el éxito auténtico y duradero se obtiene con el don de uno mismo, de las propias capacidades intelectuales, de la propia iniciativa, puesto que un desarrollo económico sostenible, es decir, auténticamente humano, necesita del principio de gratuidad como manifestación de fraternidad y de la lógica del don [cf. ibíd., 34. 36: AAS 101 (2009), 668-670; 671-672]. En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad. Realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.

En el ámbito económico, se necesitan, especialmente por parte de los estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático. Es fundamental e imprescindible, además, la estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales; éstos han de ser estabilizados y mejor coordinados y controlados, de modo que no se cause daño a los más pobres. La solicitud de los muchos que trabajan por la paz se debe dirigir además – con una mayor resolución respecto a lo que se ha hecho hasta ahora – a atender la crisis alimentaria, mucho más grave que la financiera. La seguridad de los aprovisionamientos de alimentos ha vuelto a ser un tema central en la agenda política internacional, a causa de crisis relacionadas, entre otras cosas, con las oscilaciones repentinas de los precios de las materias primas agrícolas, los comportamientos irresponsables por parte de algunos agentes económicos y con un insuficiente control por parte de los gobiernos y la comunidad internacional. Para hacer frente a esta crisis, los que trabajan por la paz están llamados a actuar juntos con espíritu de solidaridad, desde el ámbito local al internacional, con el objetivo de poner a los agricultores, en particular en las pequeñas realidades rurales, en condiciones de poder desarrollar su actividad de modo digno y sostenible desde un punto de vista social, ambiental y económico.


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1 oct. 2012

Bartholomew Kiely, La atención de las personas homosexuales. Nota psicológica


La atención de las personas homosexuales. Nota psicológica

Bartholomew Kiely, S.J.

1. Introducción. 2. El origen de la homosexualidad masculina. 3. El origen de la homosexualidad femenina. 4. Carácter defensivo de las relaciones homosexuales. 5. Variedad concreta de la condición homosexual. 6. Transición a la valoración moral objetiva. 7. Algunas implicaciones para la atención pastoral de las personas homosexuales

La atención de las personas homosexuales. Nota psicológica

1. Introducción

El objetivo de este artículo consiste en mostrar al lector no especialista en psicología una visión sintética de la condición homosexual a la luz de la psicología contemporánea, añadiendo alguna referencia bibliográfica para una mejor comprensión de la Carta. La tarea no es sencilla. Entre los psicólogos contemporáneos hay algunos que se inspiran en el empirismo mecanicista y otros en la filosofía de Platón y, entre estas dos posiciones extremas, se encuentra toda una gama de posiciones intermedias. La «crisis de valores» de los últimos veinte años ha tenido también su repercusión en el campo psicológico: son muchos los psicólogos que no aceptan un orden moral objetivo [1]. Además, existe un debate en la psicología-psiquiatría sobre la valoración de la condición homosexual. Algunos piensan más o menos del siguiente modo: la gratificación de las necesidades más intensas de la persona es de importancia central para su realización como persona; no existe un criterio objetivo para discriminar entre necesidades moralmente aceptables y necesidades no aceptables, sino que todo depende de las preferencias subjetivas de la persona individual; la persona que encuentra en sí tendencias homosexuales tiene un derecho a la gratificación sexual igual al de la persona con tendencias heterosexuales. Este planteamiento relativista se encuentra incluso en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders de la American Psychiatric Association, tercera edición [2], que considera la homosexualidad un desorden sólo cuando no es querida por la persona; es decir, cuando es «ego-dystonic» (pp. 281-282) [3].

[1] Nótese que el relativismo moral no es una característica de la psicología en cuanto tal. La psicología puede también desempeñar un papel positivo como aliado de las ciencias sagradas; depende del modo en el que se estructura la necesaria integración. Sobre este punto se volverá al final del artículo.

[2] American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Third edition, A.P.A., Washington D.C., 1980.

[3] El proceso por el que se ha llegado a esta posición sobre la homosexualidad, que supone un componente relevante de presión política, lo discute SOCARIDES en Socarides C.W., «The Sexual Deviations and the Diagnostic Manual», American Journal of Psychotherapy, 32 (178) 414-426.

- La posición de este Manual sobre la homosexualidad se basa, en última instancia, sobre los presupuestos generales de la subjetividad de los valores; no se trata de una posición puramente científica. Un sondeo independiente hecho entre psiquiatras americanos mientras el Manual se estaba preparando ha mostrado que la mayoría continuaban considerando la homosexualidad una alteración [4].

[4] H. L. LIEF, Sexual Survey n° 4: current thinking on homosexuality, Medical Aspects of Human Sexuality, 11 (1977) 110-111.

- En la psicología contemporánea, quien acepta la objetividad al menos de algunos valores, sobre todo la madurez motivacional y la libertad de la «sobredeterminación» (over-determination) en la motivación y en el comportamiento [5], en general considera la homosexualidad objetivamente un desorden y, con más precisión, una estrategia o mecanismo de defensa contra problemas más profundos enraizados en la persona a causa de su propia historia evolutiva; por ejemplo: Socarides [6], Lesse [7], Barnhouse [8], Moberley [9], y Bieber & Bieber [10]. En los párrafos siguientes intentaré presentar en forma sintética esta visión más crítica de la condición homosexual, con algunas de las razones principales por las que la homosexualidad se considera una condición objetivamente desordenada. Es importante notar que aquí se usa el término «desorden» en su sentido psicológico-psiquiátrico y todavía no en un sentido moral.

[5] Cf. SOCARIDES, op. cit., pp. 415-418.

[6] Op. cit.

[7] S. LESSE, Editorial, American Journal of Psychoterapy, 27 (1973) 151-154; S. LESSE, Edtorial, American Journal of Psychoterapy, 28 (1974) 1-3.

[8] R. T. BARNHOUSE, Homosexuality: a symbolic confusion, Seabury Press, New York, 1977.

[9] E. MOBERLEY, Homosexuality: structure and evaluation, Theology, 83 (177-184).

[10] I. BIEBER, T. B. BIEBER, Male Homosexuality, Canadian Journal of Psychiatry, 24 (1979) 409-421.

2. El origen de la homosexualidad masculina

Probablemente, el modo más fácil de llegar a comprender la condición homosexual es considerar su origen.

La cuestión de una posible predisposición biológica hacia la homosexualidad es una cuestión que todavía no ha sido completamente aclarada [11]. De todos modos, aun en el caso de que exista esta predisposición biológica, de ahí no se sigue que esta predisposición se deba considerar normal; existen, al parecer, predisposiciones biológicas a otras alteraciones psíquicas que no por esto se consideran «normales». La evidencia de la que se dispone indica que la evolución psíquica de la persona, durante la que forma sus procesos simbólicos, es de importancia central en el desarrollo de una orientación homosexual.

[11] R. CREEN, Homosexuality, in: Comprehensive Textbook of Psychiatry, third edition, ed. Freedman A. M. et al., Williams & Wilkins, Baltimore, 1980, vol. 2, pp. 1762-1780.

- La investigación más seria y amplia hecha sobre este tema ha sido resumida por Bieber & Bieber en un artículo de 1979. Se refiere a la homosexualidad masculina, que ha sido más estudiada que la femenina. Bieber & Bieber basa sus conclusiones en entrevistas realizadas a más de mil homosexuales varones, y también en entrevistas hechas a alrededor de cien parejas de padres que tenían un hijo homosexual.

En la mayor parte de los casos (no en todos) el hijo homosexual tenía una relación demasiado íntima con la madre que se caracterizaba por un cierto tono erótico más o menos escondido; con frecuencia la madre prefería este hijo a su marido. Por el contrario, la relación entre el padre y el hijo se caracterizaba siempre por una actitud de agresión y competencia por parte del padre; a veces de manera escondida y, más frecuentemente, de manera abierta. La relación difícil entre el hijo y el padre dificulta el proceso de maduración psicosexual en el hijo. La tarea del joven varón de separarse de la relación infantil con la madre y establecer en su lugar una identificación preferencial con el padre se ha hecho demasiado difícil. «Un chico que se transforma en homosexual deja la infancia con un profundo odio y miedo al padre, pero también con un enorme deseo del afecto y de la aceptación paterna. No hemos entrevistado nunca a un homosexual masculino que fuese amado y estimado abiertamente por el padre. Hemos dicho y escrito repetidas veces que un chico que goza de una buena relación con su padre no llegará a ser homosexual; ... mientras que no es verdad que el hijo de un padre agresivo tenga que llegar a ser homosexual» [12]. No haber encontrado ninguna excepción a esta configuración de la relación entre padre e hijo homosexual en el estudio de más de mil casos da un peso notable a las conclusiones de estos autores [13]. Los autores indican además que, mientras que un buen padre puede neutralizar el efecto de una madre demasiado íntima (cuando existe este problema en la relación madre-hijo), favoreciendo el crecimiento del hijo hacia una masculinidad madura, un padre demasiado duro por el contrario acaba por reforzar la relación patológica con la madre. Se comienza a intuir en qué sentido el comportamiento homosexual puede tener un significado defensivo; puesto que la sexualidad en general es una realidad muy plástica, capaz de contener muchos significados simbólicos [14], puede expresar tanto el deseo del afecto paterno como la agresión hacia el padre.

[12] BIEBER & BIEBER, p. 411.

[13] SOCARIDES (op. cit., pp. 419-420) menciona las conclusiones alcanzadas por unanimidad por una comisión de once psiquiatras de Nueva York después de dos años de trabajo intenso (470-472); estas conclusiones son muy parecidas a las de Bieber.

[14] M. A. FRIEDERICH, Motivations for Coitus, Clinical Obstetrics and Gynecology, 13 (1970) 691-700.

3. El origen de la homosexualidad femenina

El desarrollo de la sexualidad femenina no ha sido estudiado con la misma atención; parece que, entre las mujeres, la homosexualidad es menos frecuente. De acuerdo con Barnhouse [15], la chica, mientras permanece identificada con su madre, debe establecer una independencia de la madre suficiente para adquirir una identidad propia. Debe aprender de su madre el valor de ser mujer; debe adquirir también una seguridad suficiente en la relación con los varones y, sobre todo, con su padre. La realización de estas tres tareas puede ser defectuosa. La madre quizá no permite suficientemente la individuación de su hija. La madre puede transmitir de maneras diversas a la hija que ser mujer es una desgracia y que la relación con un hombre sólo puede causar sufrimiento. El padre puede ser duro o cruel, y crear en la hija miedo a los hombres en general. Consecuentemente, la hija, buscando conciliar la propia sexualidad con el miedo al hombre y con su deseo de seguridad puede buscar relaciones homosexuales, usando la homosexualidad como estrategia defensiva de modo análogo a la del varón.

[15] 8, op. cit. capítulo 7.

4. Carácter defensivo de las relaciones homosexuales

Moberley [16], tratando de la homosexualidad en general afirma: «en medio de muchísimos detalles se sugiere un principio constante de modo subyacente: que el homosexual, sea varón o mujer, ha sufrido alguna carencia en la relación con el padre del mismo sexo; y que existe una tendencia correspondiente a reparar esta falta, por medio de relaciones con personas del mismo sexo, esto es, relaciones homosexuales».

[16] 9, op. cit. p. 178.

- Se puede decir, por lo tanto, en pocas palabras, que el encuentro homosexual, tal como es descrito por la persona homosexual en el curso de una psicoterapia parece ser un encuentro entre dos personas, cada una de las cuales se siente incompleta (como varón, o como mujer). Cada persona usa a la otra para completarse a sí misma; deseando no sólo una gratificación sexual en sentido estricto, sino también un sentido de seguridad, protección, autoestima, dominio, etc. En el caso extremo, simulan ser juntos una sola persona más completa. En este sentido el encuentro homosexual es diverso del heterosexual.

El encuentro heterosexual se da entre dos personas diversas físicamente y también psicológicamente y, por lo tanto, complementarias como hombre y mujer; y las diferencias son causa de alegría. Si Romeo posee una hermosa voz baja y profunda, mientras que Julieta es soprano, no se envidian el uno al otro; pueden cantar en armonía. En el encuentro homosexual, sin embargo, falta esta diversidad y complementariedad. Incluso la diferencia numérica entre las personas parece a veces oscurecerse [17]. Para cada uno de los partners, el otro se convierte en parte de su propio «sistema defensivo» [18]. Mientras se mantiene una relación homosexual hay normalmente un aspecto de tensión evidente o latente en la relación [19]. A veces se tiene la impresión de que una relación de este tipo se mantiene fundamentalmente a través de un ciclo de ofensas y reconciliaciones, como si la felicidad o la serenidad de uno de los partners pudiese poner fin a la relación y, por lo tanto, no pudiera permitirse.

[17] J. A. KIEPSTAN, C. S. BEPKO, «The problem of Fusion in the Lesbian Relationship», Family Process, 19 (1980) 277-289.

[18] M. M. R. KHAN, The function of Intimacy and Acting Out in Perversions, in Sexuality and Identity, ed. H. M. Ruitenbeel, Delta Books, New York, 1970, pp. 372-389.

[19] I. BIEBER, Homosexuality, in: Comprehensive Textbook of Psychiatry, ed. Freedman A. M., Kaplan H. I., first edition, Williams & Williams, Baltimore, 1967, pp. 964-965.

5. Variedad concreta de la condición homosexual

Para evitar una excesiva simplificación hay que decir también que la condición homosexual no representa una realidad homogénea describible de manera unívoca. Existen diversos tipos de homosexualidad más o menos irreversibles que pueden estar acompañados por diversos grados de psico-patología.

Según Ovesey [20], podemos distinguir tres categorías diversas de motivación implicadas en las relaciones o tendencias homosexuales: la dependencia afectiva, el poder o dominio, y finalmente la gratificación sexual en sentido estricto. En el homosexual manifiesto (overt), la gratificación sexual posee importancia primaria, aunque también son importantes las motivaciones de dependencia y de dominio. En el pseudohomosexual, sin embargo, prevalece la motivación de dependencia o de dominio (o las dos); la fuerza de estas motivaciones la lleva a establecer con otra persona del mismo sexo relaciones que pueden adquirir, como manifestación secundaria, un carácter erótico. A estos dos tipos descritos por Oversey, parece necesario añadir también un tercero, la homosexualidad imaginaria o temida. Afecta sobre todo a los varones adolescentes en periodos de mayor depresión o inseguridad. Temen ser homosexuales, pero sin haber experimentado nunca una atracción homosexual clara o, a lo sumo, una atracción pasajera; parece, por decirlo de algún modo, una forma de hipocondría psicológica.

[20] L. OVESEY, Homosexuality and Pseudohomosexuality, Science House, New York 1969, pp. 28-31.

- Existen también diversos grados de irreversibilidad en la condición homosexual. La homosexualidad imaginaría o temida es probablemente una preocupación pasajera. La pseudo-homosexualidad debería ser relativamente fácil de superar, siempre que se pueda superar la parte no sexual del problema. La homosexualidad manifiesta, en el sentido de Ovesey, será en general difícil de superar. Existen personas homosexuales, sobre todo de sexo masculino, que han tenido una orientación exclusivamente homosexual desde la pubertad; para estas personas será muy difícil librarse de la orientación homosexual. Para algunos será probablemente imposible cambiar en este sentido.

La persona homosexual, por último, puede no tener prácticamente otras alteraciones que las que se refieren a la tendencia homosexual o puede sufrir simultáneamente otros disturbios, incluso graves [21]. Era necesario hacer referencia a esta variedad general en la condición homosexual para no dar la impresión de una homogeneidad que no existe. Después de esta matización se puede decir también, de todos modos, que el significado simbólico de las relaciones o tendencias homosexuales será en general, aunque con muchos matices diversos, como se ha descrito en las secciones 2-4.

[21] O. F. KERNBERG, Borderline Conditions and Pathological Narcissim, Aronson, New York, 1975, pp. 328-331.

6. Transición a la valoración moral objetiva

Teniendo presente lo que se ha dicho hasta el momento, los actos homosexuales se presentan como la manifestación de una estrategia con la que la persona homosexual intenta defenderse de problemas subyacentes, más o menos inconscientes, que no ha conseguido resolver. En el acto homosexual una persona intenta usar a otra como parte de su sistema defensivo. Este modo de actuar contradice de manera obvia el sentido cristiano de la sexualidad humana como autodonación recíproca en la complementariedad de los sexos, como autotrascendencia en el amor del tú humano y del Tú divino (nn. 6-7 de la Carta). Los actos homosexuales, como otras maniobras defensivas, pueden producir un alivio momentáneo en la persona; pero, a largo plazo, no resuelven sus problemas más profundos, incluidas sus aspiraciones de trascendencia [22]. Los actos homosexuales pueden corresponder a la búsqueda de un bien parcial pero no corresponden al bien integral de la persona [23], en última instancia porque no corresponden al plan del Dios Creador para la realización humana (nn. 2, 6, 7). Finalmente, por lo tanto, las reflexiones psicológicas aquí presentadas coinciden con la valoración moral de los actos homosexuales como «intrínsecamente desordenados»... y «actos privados de sus finalidades esenciales e indispensables», «que no pueden ser aprobados en ningún caso» [24]. Se advierta de todos modos que según el análisis que aquí se ha realizado, la finalidad que falta no afecta sólo al significado procreativo de la sexualidad (no consiste sólo en que los actos homosexuales no pueden ser fecundos); afecta en primer lugar a la integridad del significado unitivo, porque los actos homosexuales son en el fondo defensivos y no autotrascendentes.

[22] Cf. L. M. RULLA et al., Antropologia della Vocazione Cristiana, II: conferme esistenziali, Edizioni Piemme, Casale Monferrato, 1986, cap. 8.

[23] Cf. Humanae vitae, n. 7; Familiaris consortio, n. 32, 3.

7. Algunas implicaciones para la atención pastoral de las personas homosexuales

La distinción entre una orientación homosexual y los actos homosexuales [25] es de importancia obvia en este contexto. La persona, evidentemente, no es responsable de la tendencia homosexual que experimenta en cuanto se trata del resultado de una historia evolutiva difícil no querida por la misma persona. La responsabilidad de la persona afecta a lo que hace frente a esas tendencias.

[25] Carta a los Obispos, n. 3, 1; Declaración, n. 8.

- Las dos implicaciones principales para la atención pastoral que se siguen del análisis realizado aquí coinciden con dos tema centrales de la Carta. En resumen: hay que ayudar a la persona homosexual de todos los modos posibles, lo que no significa animarla a actuar de acuerdo con sus principios homosexuales, sino lo contrario.

En primer lugar, como las personas homosexuales están ya heridas en su autoestima, hay que tratarlos siempre con mucho respeto y caridad. Hay que respetar siempre sus derechos de persona (n. 10). Tienen una necesidad especial de ser estimulados a llevar su cruz particular y participar así del Misterio Pascual de Jesucristo (n. 12). Adecuados programas de atención pastoral les ayudarán a profundizar en su vida espiritual y sacramental (n. 15). Tienen una necesidad especial del apoyo de la comunidad cristiana (n. 15), también para no definir su identidad exclusivamente en función de su orientación sexual (n. 16). Entre las contribuciones que ofrecen las ciencias psicológicas, sociológicas y médicas (n. 17) se puede sugerir de modo particular la posibilidad de sugerir a las personas homosexuales que emprendan una adecuada psicoterapia del profundo cuando sea posible. Bieber & Bieber [26] afirman que del 30 al 50 por ciento de los varones homosexuales pueden, con la ayuda de una terapia de este tipo, superar el problema de su orientación homosexual. Y cuando no resulta posible para la persona cambiar su orientación homosexual, esta terapia le puede ayudar a alcanzar un mayor dominio de sus impulsos y a tener más paz consigo misma.

[26] BIEBER & BIEBER, op. cit., p. 416.

- En segundo lugar, está claro que todas estas posibles atenciones tienen como objeto ayudar a la persona homosexual a superar sus problemas. Esto es lo contrario de aceptar la homosexualidad como algo normal y después permitir o favorecer su expresión a nivel de actos homosexuales. Sería como dar de beber al alcoholizado; significaría favorecer una estrategia defensiva que es intrínsecamente desordenada tanto moral como psicológicamente, que no resuelve los problemas más profundos de la persona, sino que a largo plazo aumentará la dificultad de su situación. Actuar de este modo no es ni caritativo ni sabio; es simplemente equivocado.

Dada la dificultad en la que se encuentra la persona homosexual, es importante no hacer su situación todavía más difícil presentándole una enseñanza moral falsa o ambigua (nn. 13, 14, 15), cediendo quizá a diversas formas de presión social (nn. 8, 9, 14). Quien se encuentra frente a un deber difícil, pero con la duda de que se trati1 verdaderamente de un deber, no tiene muchas posibilidades de superar las dificultades.

A estas dos indicaciones principales de la Carta se puede añadir también otro punto que está, por así decir, a mitad de camino entre los dos puntos principales. Frente a la debilidad que se puede encontrar en algunas personas homosexuales (como en otras personas), es útil tener presente «la ley de la gradualidad» [27]. La «ley de la gradualidad» es aplicable por analogía también a los problemas de los homosexuales, al menos, según el parecer del que subscribe. Es diferente de la idea de la «gradualidad de la ley» [28] que se encuentra también bajo el nombre de «proporcionalismo». Sin presumir que todas las personas homosexuales carecen de libertad esencial en la esfera sexual (n. 11), hay que reconocer la probabilidad que para algunos de ellos el camino a la libertad presentará dificultades notables. Aunque su libertad esencial no haya sido eliminada, su libertad efectiva puede estar limitada en grados diversos [29]. La «ley de la gradualidad» implica que, cuando existe una debilidad real y no fingida en relación a una norma moral, la persona está obligada a esforzarse sinceramente «para poner las condiciones necesarias para observar esta norma» [30]. En otras palabras, hay que proteger a la persona del desánimo cuando el camino hacia una vida de castidad cristiana presenta dificultades especiales y está acompañado por repetidos fracasos.

[27] Familiaris consortio, n. 34, 4.

[28] Ibid.

[29] Cf. nota 20.

[30] Familiaris consortio, n. 34, 4.

- Un problema como la atención pastoral a las personas homosexuales pone de manifiesto la importancia general de una integración entre las ciencia humanas y las ciencia sagradas para tener una visión más completa de la persona humana en su grandeza de hijo de Dios y también en su división interna (Gaudium et spes, 10). Esta división interna, con raíces también inconscientes, resulta quizá particularmente evidente en un problema como la homosexualidad, pero no se limita a estos problemas dramáticos y no se limita al sector de la psicopatología en el sentido psiquiátrico corriente. Se manifiesta también de muchas otras maneras no psicopatológicas: dificultad en vivir la vocación sacerdotal, religiosa o matrimonial; abandono de estas vocaciones; «protagonismo» y dificultades en la colaboración u obediencia, y en otros modos en los que las personas encuentran dificultades en vivir «según la verdad en la caridad» (Ef 4, 15), dificultades que muchas veces la misma persona no consigue entender a fondo. Una integración apropiada de las ciencias humanas y sagradas puede iluminar muchos problemas que encontramos. Dos obras recientes que afrontan la necesidad de una integración de este tipo pueden ser interesantes para el lector [31].

[31] L. M. RULLA, Antropologia della Vocazione Cristiana, I: Basi interdisciplinari, Edizioni Piemme, Cásale Monferrato, 1985; RULLA y otros Antropologia della vita cristiana, H: conferirte esistenziali, Edizioni Piemme, Casale Monferrato 1986.

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16 sept. 2012

Casariego sobre izquierdas, centro y derechas



Jesús Evaristo Casariego, Teniente de Requetés. Óleo de Segura

Le aclararé al lector que yo no soy ni me siento de derechas, ni de centro, ni de izquierdas. Teóricamente me une a la derecha lo que dice y no hace sobre religión y patriotismo; al centro lo que dice y no hace sobre convivencia, moderación y equilibrio; a la izquierda lo que dice y no hace sobre justicia social transformadora. Pero sé muy bien que derechas, centro e izquierdas, como tres grupos divisores y enfrentados, llevarán a España a la ruina y a la perdición.

Jesús Evaristo Casariego

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6 ago. 2012

Ley "de gradualidad" y gradualidad "de la ley"


Ley "de gradualidad" y gradualidad "de la ley"

Los padres sinodales, dirigiéndose a los que ejercen el ministerio pastoral en favor de los esposos y de las familias, han rechazado toda separación o dicotomía entre la pedagogía, que propone un cierto progreso en la realización del plan de Dios, y la doctrina propuesta por la Iglesia con todas sus consecuencias, en las cuales está contenido el precepto de vivir según la misma doctrina. No se trata del deseo de observar la ley como un mero “ideal”, como se dice vulgarmente, que se podrá conseguir en el futuro, sino como un mandamiento de Cristo Señor a superar constantemente las dificultades. En realidad no se puede aceptar un “proceso de gradualidad”, como se dice hoy, si uno no observa la ley divina con ánimo sincero y busca aquellos bienes custodiados y promovidos por la misma ley. Pues la llamada “ley de gradualidad” o camino gradual no puede ser una “gradualidad de la ley”, como sí hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina, para los diversos hombres y las distintas situaciones. Todos los esposos están llamados a la santidad en el matrimonio, según el plan de Dios, y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad. Por tanto, los esposos a quienes no unen las mismas convicciones religiosas, no pueden limitarse a aceptar de forma pasiva y fácil la situación, sino que deberán esforzarse, con paciencia y benevolencia, por llegar a una voluntad común de fidelidad a los deberes del matrimonio cristiano.

Juan Pablo II, ‘Alocución en la Clausura de la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos’ (25 de octubre de 1980), n. 8

Sería un gravísimo error concluir... que la norma enseñada por la Iglesia sea de suyo solamente un “ideal”, que deba adaptarse, proporcionarse, graduarse –como dicen– a las posibilidades del hombre “contrapesando los distintos bienes en cuestión”. Pero ¿cuáles son las “posibilidades concretas del hombre”? ¿Y de qué’ hombre se está hablando? ¿Del hombre dominado’ por la concupiscencia o del hombre redimido por Cristo’? Porque se trata de esto: de la realidad de la Redención de Cristo. ¡Cristo nos ha redimido!’ Esto significa que nos ha dado la posibilidad’ de realizar la verdad entera’ de nuestro ser. Ha liberado nuestra libertad del dominio’ de la concupiscencia. Si el hombre redimido sigue pecando, no se debe a la imperfección del acto redentor de Cristo, sino a la voluntad’ del hombre de sustraerse de la gracia que deriva de aquel acto. El mandamiento de Dios es, ciertamente, proporcionado a las capacidades del hombre: pero a las capacidades del hombre a quien se ha dado el Espíritu Santo; del hombre que, si ha caído en el pecado, siempre puede obtener el perdón y gozar de la presencia del Espíritu.

Juan Pablo II, ‘Discurso a los participantes a un curso sobre la procreación responsable’ (1 de marzo de 1984), n. 4

La observancia de la ley de Dios, en determinadas situaciones, puede ser difícil, muy difícil: sin embargo jamás es imposible. Ésta es una enseñanza constante de la tradición de la Iglesia, expresada así por el concilio de Trento: «Nadie puede considerarse desligado de la observancia de los mandamientos, por muy justificado que esté; nadie puede apoyarse en aquel dicho temerario y condenado por los Padres: que los mandamientos de Dios son imposibles de cumplir por el hombre justificado. “Porque Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas” y te ayuda para que puedas. “Sus mandamientos no son pesados” (1 Jn 5, 3), “su yugo es suave y su carga ligera” (Mt 11, 30)» (Ses. VI. Decreto sobre la justificación ‘Cum hoc tempore’, cap. 11: DS, 1536; cf. can. 18: DS 1568. El conocido texto de san Agustín, citado por el Concilio, está tomado del De natura et gratia’, 43, 50 (CSEL 60, 270).

Juan Pablo II, Enc. Veritatis Splendor’ (6 de agosto de 1993), n. 102

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5 ago. 2012

Del lógos de los griegos y de los romanos al Lógos de Dios



Cuando Jesús se convierte en caso. 

Benedicto XVI y la valentía de abrirse a la amplitud de la razón

Está en lanzamiento el libro «Ampliare l’orizzonte della ragione. Per una lettura di Joseph Ratzinger — Benedetto XVI» (Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2012, 77 páginas) del arzobispo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. Publicamos pasajes de uno de los capítulos que retoma el texto de la intervención en el congreso «Del lógos de los griegos y de los romanos al Lógos de Dios. Recordando a Marta Sordi» (Milán, Universidad católica del Sagrado Corazón, 3 de noviembre de 2011).

Gerhard Ludwig Müller

En la lección de Ratisbona —un momento mágico de la historia universitaria alemana— Benedicto XVI puso nuevamente de relieve la síntesis entre fe y razón, y entre libertad y amor. Cuatro conceptos que hoy un mundo secularizado querría reclamar para sí, al tiempo que no reconoce a la Iglesia el derecho de presentarse como fundamento o fuente de una vida sensata de la sociedad. Quien no cree en Cristo como único e insuperable mediador de salvación, alardea de la propia apertura mental y capacidad de tolerancia, acusando al mismo tiempo a la Iglesia de constricción de las conciencias y de imperialismo espiritual. Pero esta tolerancia elevada a absoluto en una visión pluralista del mundo al parecer decae cuando se trata del cristiano y de su opción fundamental de fe.

Detrás de todo esto se oculta a menudo la idea de que el hombre sólo puede llegar a un conocimiento más profundo de manera  unidimensional, puramente inmanente. Lo no visible queda confinado al campo de la psicología o de la mitología, como modelo de superación subjetiva de una realidad insostenible, y por ello no se le atribuye ninguna existencia real. No existe, por consiguiente, ninguna pretensión de verdad, una medida última, un Dios. Pero, ¿cómo es posible emitir, con una actitud agnóstica, ese juicio tan apodíctico?

Nace así la dictadura del relativismo, de la que hablaba el cardenal Ratzinger en la apertura del cónclave del que saldría como Benedicto XVI.

El relativismo aplicado a la verdad no es sólo un razonamiento filosófico, sino que desemboca inevitablemente en la intolerancia respecto a Dios. Los enunciados centrales sobre Dios, Jesucristo, la Iglesia, se consideran, como mucho, una subcultura de una agrupación religiosamente motivada. Dios se convierte en un «ideal» utilizable para la edificación o la pedagogización de los hombres. Jesucristo se convierte en un «caso» particularmente adecuado para servir de modelo a la moral de la sociedad, y la Iglesia es una libre unión (como una asociación) de personas con las mismas opiniones subjetivas en materia de religión.

Aquí hay que buscar los motivos por los cuales los temas religiosos se convierten en tabúes en la esfera pública; y también los motivos por los cuales el mensaje cristiano y la Iglesia son excluidos del debate político.

La Iglesia, se dice, está constituida por personas motivadas religiosamente, que sin embargo no poseen ningún derecho de intervención y participación en la configuración del mundo. Están sujetas a un paradigma cultural limitado, que sin embargo por lo general no es vinculante, sino que más bien entra en la esfera de la subjetividad individual y colectiva.

También por la idea que la teología cultiva de sí misma, esta valoración de la fe no queda sin consecuencias. ¿Constituye aún una genuina investigación sobre Dios con los auspicios de la razón, o solamente un programa al que se dedican algunos de sus miembros?

El liberalismo relativista como forma agente del pluralismo no puede tolerar que Dios se haya revelado efectivamente al hombre, pues en ese caso se debería admitir que el hombre no es la medida de todas las cosas, sino que se debe al amor divino que otorga libertad. El liberalismo relativista, que absolutiza el placer y el lucro, se contrapone al hombre eucarístico, que debe a Dios su propia existencia y redención, y participa de la libertad y de la gloria de los hijos de Dios.

¿Puede tener éxito un mundo sin Dios? Este interrogante no se plantea en un nivel puramente teórico. Es necesario vincularlo a la premisa de que Dios existe y que nosotros lo separamos de lo que es su propiedad. No se trata, por lo tanto, de la cuestión de si Dios existe o no, sino del neto rechazo de su presencia. Quien reconoce que Dios es el perno y el eje de su propia vida, con frecuencia es objeto de burla no por el hecho de que no exista un Dios al que podríamos dirigirnos, sino porque se desearía desterrarlo conscientemente de la realidad. Una razón ilustrada se proclama Dios y sugiere que el hombre se basta a sí mismo.

Pero nuestra profesión de fe contiene ya el germen de un encuentro con Dios orientado según la razón humana. Razón y racionalidad no son conceptos incompatibles con la fe, aunque este es el reproche recurrente que hace la modernidad pluralista y relativista. Nosotros, en cuanto seres racionales, somos concebidos de manera tal que no escondemos a Dios ante la razón. Él la ha creado, él es el Lógos omnicomprensivo, en suma el único que puede guiarnos hacia la experiencia y el conocimiento. El hombre se piensa a sí mismo y piensa el mundo, y piensa su motivo trascendental que da origen a todo. Emplea su propia razón. Pero, ¿cómo puede la razón pensarse a sí misma sin hacer referencia a Dios?

El pluralismo relativista y el laicismo salen al encuentro de ese hombre que querría vivir sin Dios para no tener que sujetarse a reglas, reglas que sin embargo derivan precisamente del hecho mismo de ser hombre.

Un debate sin este punto de referencia desquicia al hombre. Porque ya no existe una base capaz de mostrarle quién es él, en sustancia. Sin el dominio liberador de Jesucristo, lo que constituye esencialmente al hombre se transforma en una farsa. Privado de consistencia, él se transforma en un monstruo, terror de quienes no son capaces de defenderse. Los ejemplos están a la vista de todos: los millones de abortos, la investigación con células madre embrionarias y la eutanasia.

Precisamente por esto, el mundo necesita una razón que no sea sorda respecto a lo divino. El Lógos divino asumió la naturaleza humana en Jesucristo. Esta es la fe que la razón enseña a comprender; esta es la razón que llega a la fe; esta es la libertad que actúa según la conciencia.

Fuente: L’Osservatore Romano, número 32, domingo 5 de agosto de 2012, página 7.

26 jun. 2012

Memoria de Zumalacárregui: Carlismo y cuestión social (castellano y euskera)


Memoria de Zumalacárregui: Carlismo y cuestión social (castellano y euskera)

ZUMALAKARREGI*
Sevilla. Ediciones Montejurra. 1960

[Castellano]

Carlistas:

Corría el año de 1833. Había comenzado ya la primera guerra carlista. Un día, en un campo de las tierras de Navarra, se hallaban concentrados los voluntarios de don Carlos. De pronto, un jefe guerrero de unos cuarenta y cinco años de edad y alta graduación –patillas, boina roja, zamarra de piel de merino, mirada viva y penetrante...– surge a caballo en medio del campo. Y dirige la palabra a los voluntarios de don Carlos. El tono de su voz es a la vez firme y paternal.

Sus labios desgranan bellas palabras: Dios, Patria, Fueros, Rey legítimo... Y dicen también algo jamás escuchado en ocasiones análogas: “Desde mañana es imposible daros dos reales de prest, como se ha hecho hasta ahora; en lo sucesivo no se dará más que un real de vellón diario”.

Sí, así se expresó el gran Zumalacárregui el día en que se hizo cargo del mando supremo del ejército de don Carlos.

La mayor parte de los jefes militares, y no digamos, de los jefes políticos, no rebajan sino elevan, en semejantes ocasiones, la paga a sus subordinados, y además les halagan con promesas –como se dice ahora– de “enchufes” atrayentes.

Sin embargo, cuando Zumalacárregui terminó su arenga, los leales voluntarios de don Carlos, locos de entusiasmo, y lanzando al aire sus boinas, prorrumpieron en repetidos gritos de ¡Viva don Carlos! y ¡Viva Zumalacárregui!

Este sucedido nos muestra claramente que los carlistas de aquellos tiempos, al igual que los de ahora, no se movían en política por motivos de orden material, sino únicamente por su desinteresado amor a la bandera de Dios, Patria, Fueros, Rey.

Dios... Al igual que Zumalacárregui, los carlistas de hoy somos, ante todo y sobre todo, católicos, apostólicos, romanos.

Cuenta una leyenda que, cuando el general liberal Rodil quemó el convento de Aránzazu,

no pudiendo soportar
tan villana acción
dicen que
Zumalacárregui lloró.

Nosotros, los carlistas, hemos estado siempre de perfecto acuerdo con aquellas palabras memorables de Carlos VII: “Yo no daré un paso más adelante ni más atrás que la Iglesia de Jesucristo”. Sin embargo, los carlistas de hoy estamos incluso dispuestos a dar un paso más adelante que la Iglesia en la llamada cuestión social.

Patria-Fueros... Con estas palabras los carlistas queremos expresar que somos españoles y españolistas; pero al propio tiempo amantes sinceros de los fueros, usos y costumbres, y lenguas de los diversos pueblos de las Españas. Para nosotros las libertades de estos pueblos, las libertades regionales, no tienen más que un límite: la unidad de la gran patria española.

Rey... Finalmente, los carlistas de hoy somos, como Zumalacárregui, monárquicos. Pero, para nosotros, no hay más Rey que el legítimo. El Rey que reúna la doble legitimidad de la sangre y del ejercicio. Para nosotros, por ejemplo, no es Rey legítimo quien no sea amante verdadero del auténtico pueblo. Ni tampoco el que no haya jurado previamente, bajo el árbol de Guernica, los Fueros del País Vasco.

Cuenta la Historia que, hallándose agonizante Zumalacárregui, le preguntaron cuáles eran los bienes que dejaba, y que el general carlista contestó: “Dejo mi mujer y tres hijas, únicos bienes que poseo; nada más tengo que poder dejar”. ¡Ejemplo aleccionador para muchos gobernantes de hoy del mundo entero que no piensan sino en enriquecerse!

Pero, a decir verdad, Zumalacárregui dejó a su muerte algo más, muchos más: en primer lugar, su nombre inmortal.

Dicen unos conocidos versos de la época:

El nombre de Zumala
y su fama
se extiende lejos;
en las Cortes de los Reyes
en las villas y en los campos
¿hay alguno que no oiga
hablar de Zumala?

Y hace ciento quince años el poeta Iztueta escribía:

El mundo entero
recordará
hoy y siempre
a Zumalacárregui.

Actualmente, se conceptúa a Zumalacárregui como uno de los más grandes generales de todos los tiempos de Europa. Y, a mi modesto juicio, después de San Ignacio, es el hombre de más talla nacido hasta el presente, no ya en Guipúzcoa, si no en todo el País Vasco. Por ello, bien merece que se le erija un gran monumento en la capital de Guipúzcoa, en San Sebastián, al ilustre hijo de Ormáiztegui.

Juntamente con su nombre inmortal nos dejó también algo más Zumalacárregui: el ejemplo de su lealtad al Rey legítimo, sellada con su muerte.

Carlistas: hace ciento veinticinco años murió Zumalacárregui, precisamente en este mismo pueblo de Cegama. La muerte de Zumalacárregui fue una gran pérdida para la causa carlista, hasta el punto de que muchas gentes creyeron sinceramente que con ella el carlismo había dejado también de existir. Pero, a pesar de ello, y al cabo de ciento veinticinco años, aún pervive el carlismo, y por cierto con mejor salud y más esperanzas que nunca.

Y ahora, para terminar, dos palabras y un llamamiento a los que no militáis en las filas carlistas.

Al igual que los carlistas de los tiempos de Zumalacárregui, los carlistas de hoy tenemos los brazos abiertos para cuantos deseen incorporarse a nuestras filas. Para ello, no es absolutamente necesario que aceptéis íntegramente nuestra doctrina política. Bastará que admitáis los principios fundamentales de ella. Y si alguno, por el motivo que fuese, no se atreviere o animare a acercarse a nosotros, tenga presente que nosotros no tenemos inconveniente alguno en salir a mitad de camino en su busca.

Y vosotros, hermanos carlistas, ¡adelante! Adelante todos bajo la gloriosa bandera de Dios, Patria, Fueros, Rey que tan gallardamente enarboló el gran Zumalacárregui; bajo la bandera siempre vieja, pero a la vez siempre nueva e invariable de la Tradición. ¡Adelante siempre!

[Euskera]

Zarronzaleak! Karlista anaiak!

Milla ta zortzireun ta ogeita amairugarren urtea aurrera zijoan. Karlisten lenengo gerra asi berria zan oraindikan. Egun batez, Nafarroa’ko lurretako zelai batean, Don Karlos’en bertako ta inguruko probintzietako boluntarioak elkarturik arkitzen ziran. Ontan, berrogeita bost-bat urteko patilladun gerrari-buru bat-txapela gorria buruan, ardi-larruzko zamarra soiñean ta argitasun sarkor-bizia begietan agertzen da zaldi-gaiñean zelaiaren erdian. Ta Don Karlos’en boluntarioei itzegiten die sutsu baña zurki, zorrotz baña maiteki...

Baña zer dio? Jaungoikoa, Fueroak, Lege-zarrak, Errege bidezkoa ta beste orrelako itz ederrak irteten dira bere aotik zerurontz.

Zer geiago dio? Egundaño orrelako egokiera batean iñortxok ere esan ez duan zerbait. “Orain arte –esaten die gerrari buruak bere soldaduei–, orain arte erreal bi jaso dituzute egunean bakoitzak. Emendik aurrera erreal bat bakarra jasoko dezute, geiago ezin genezake eman-da. Baldin gero, uste degun bezala, gauzak obeto jartzen bazaizkigu, aziko zaizute saria”.

Bai, jaunak: Zumalakarregi aundia, Don Karlos’en soldadu guzien buru egin zan egunean, orrela mintzatu zan.

Gerrari-buru geienak, ta esan bearrik eztago noski politika alderdietakoak, orrelako egokieretan, beren mendokoei soldata ez jatxi, baizikan jaso egin oi diete, ta gañera losentxatu gaur esaten dan bezala, entxufe eder-ugariak eskeñiaz eta aginduaz.

Ala eta guziaz ere, Zumalakarregi’k bere itzaldia bukatu zuanean, Don Karlos’en boluntario leialak, pozaren pozez zoratuta bezala, ta txapelak aidera botaz, “Gora Don Karlos eta Zumalakarregi!” deadarka aldi luze batean jardun ziran.

Gertaera onek argi ta garbi erakusten digu, orduko karlistak, oraingoak be zelaxe, etzutela politika-saillean diruaren irabaziagatik jokatzen; Jaungoikoa, Soterria, Lege-zarrak eta Erregea’rekiko banderaganako maitasun garbiutsarengatik baizik.

Jaungoikoa... Bai, orduko karlistak bezelaxe, Zumalakarregi bezelaxe, gu ere lendabizi ta gauza guzien gaiñetik, Jaungoiko-zaleak gera.

Ipuiak dio, Rodil jeneral liberalak Arantzazu’ko eliza erre zuanean:

Alako salkeria
Ezin eramanik
Negar egin omen zun
Zumalakarregi’k.

gaurko olerkari esan duan bezala.

Karlistak beti bat etorri gera Karlos setimoren itz gogoangarri auekin: “Nik ez det oinkada bat, nik ez det pauso bat emango, Jesukristo’ren Eliza’k baño aurrerago ta atzerago”.

Baña, alaz guziaz ere, gaurko karlistak –ta ondo entzun– erderaz cuestión social deritzaion gizarte arloan, prest eta gerturik gaude bear bada Eliza’k berak baño oraindik oinkada bat, pauso bat aurrerago emateko.

Sorterria, Lege-zarrak... Itz auezaz esan nai degu, Españitarrak eta Españizaleak gerala, baña aldi berean Euskalerri’ko ta Españi’ko beste erri guzien lege-zar, Fuero, oitura ta izkuntza-zale amorratuak. Gure zaletasun onek muga bat, esi bat bakarrik du: Españi’ko erri guzien elkartasuna, batasuna.

Errege... Azkenik, Zumalakarregi bezelaxe, errege-zaleak gera. Baña ez edozein erregeren zaleak, errege bidezkoaren zaleak baizik. Ez da, guretzat, errege bidezko egiazkoa, odolez bakarrik bidezkoa dana. Ez. Guretzat errege bidezkoa da, odolez eta gañera egintzaz bidezkoa dana. onela, ta esate baterako, guretzat ez da bidezkoa bere erri xearen maitale egiazkoa ez dan erregea. Ez eta Gernika’ko arbolapean Euskalerri’ko Fueroa’k ziñeztu ez dituan erre gea ere.

Beragatik, guk ez degu artuemanik, guk ez degu trata-biderik, guk ez degu zer-ikusirik orain ogeita bederatzi urte, “or konpon!” esanaz, eta Españi osoa errevolucioaren atzaparretan utzirik, atzerrira iges egin zuan errege edo errege or dezko arekin ta bere seme ta ondorengoakin.

Kondairak dio, Zumalakarregi’ri iltzeko zorian zegoala galde-egin ziotela, ea ze ondasun uzten zituan. Ta Zumalakarregi’k erantzun zuala: “Emaztea ta iru alaba. Beste ondasunik ez det uzten. Ez det-eta”.

Erakuspen ederra gaurko mundu guziko gobernari berekoi ta diru-zale askorentzat...

Baña, egia esan, beste zerbait ere utzi zuan Zumalakarregi’k. Lenengoz, bere izen aundi illezkorra.

Zumalaren izena
Ta aren omena
Urrun da edatzen;
Erregeen kortetan
Iri ta kanpañetan,
Nork ez du aditzen
Zumalaz mintzatzen?

diote euskal-bertso zar ezagun batzuek.

Iztueta’k, orain eun ta amabost-bat urte. “Guipuzkoa’ko Pronbintziaren Kondaira”-n ezarritako bertsoak dira berriz beste auek:

Mundu guzti guztiak
Orain eta beti
Gogoan izango du
Zumalakarregi.

Egungo egunean berriz, sekulan lurbira guzian izan diran gerrariburu garaie netako bat bezala jotzen da Zumalakarregi. Ta, nere uste apalez, San Inazio’z landara, bera da iñolaz ere Gipuzkoa’n eta Gipuzkoa’n ezezik Euskalerri osoan jaiotako ta sortutako gizonik aundiena.

Beraz, egoki izango litzakeala derizkiot, Gipuzkoa’ko uri nagusian, Donostia’n. Zumalakarregi’ri oroikarri aundi-eder bat, monumentu bat, altzatzea, jasotzea. Merezi du-ta noski Ormaiztegi’ko seme ospetsuak.

Bere izen aundiarekin batera, utzi zigun Zumalakarregi’k beste zerbait ere: bere Errege bidezkoa ganako jaiera ta leialtasun egiaz-koen oroimena. Bere eriotzaz egiztatu zituan jaiera ta leialtasunaren oroimena.

Jaunak: orain eun ta ogeita bost urte il zan Zumalakarregi, ain zuzen ere emen bertan, Zegama’n. Galera aundia izandu zan karlistentzat Zumalakarregi’ren eriotza. Ain aundia ezik, non orduko jende geienak uste izan zuten, karlistak etzutela geiago bururik altxako, jasoko. Baña, oraindik ere, bizi gera karlistak. Ta iñoiz baño osasun obeagoarekin eta itxaropen aundiagoarekin, gañera.

Ta orain, bukatu baño len, itz bi ta dei bat karlistak ez diranentzat.

Zumalakarregi’ren denborako karlistak bezelaxe, gaurkoak ere besoak za bal-zabalik daduzkagu guregana etorri nai duten guzientzat. Ortarako ezta bear-bearrezkoa gure politika guzia osoro ta buruaren buru onartzea. Nai koa da gure politikaren oñarri nagusienak begi onez ikustea. Ta bateon bati lotsa-edo ematen badio guregana urbiltzeak, jakin beza guk ez dagukagula eragoz pe nikan beraren billa erdibidera irteteko ta joateko.

Ta zuek, zarronzaleok, karlista anaiak, aurrera guztioz! Aurrera Zumalakarregi aundiak ain goien paratu zuan Jaungoikoa, Sorterria, Lege zarrak eta Erregearekiko banderaren azpian; beti zarra, beti berria ta beti berdiña dan bandera eder-garbiaren azpian. Aurrera, mutillak! Aurrera beti!

* Zegama’n, 1960’eko Garagarrillaren 26’an egindako itzaldia, urte berean Sevilla’n, Memoria de Zumalacarregui liburuan argitaratua.

Liburu berean, Francisco Elías de Tejada eta Melchor Ferrer’ek egun orretan Zegama’n egindako itzaldiak.

MEMORIA DE ZUMALACÁRREGUI
En Cegama el 26 de junio de 1960

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