10 nov. 2016

Le corps du pauvre est le corps du Christ




LE CORPS DU PAUVRE
EST LE CORPS DU CHRIST

Plus d'une fois, nous avons tous lu dans la légende dorée de la charité quelqu'un de ces récits merveilleux, où le Sauveur, secouru sous les traits du mendiant ou du lépreux qu'il avait empruntés, apparaissait ensuite dans l'éclat très doux de sa gloire. Symbole corporel d'une réalité spirituelle plus grande et plus belle encore.

Comme jadis, dans la nuit divine, l'ange du Seigneur avait envoyé les bergers à l'étable de Bethléem: «Vous y trouverez un petit enfant ... couché dans une crèche». Ainsi, sur la parole de la pauvre Françoise Souchet, messagère du Seigneur, Jeanne Delanoue était allée chercher, elle aussi, dans une étable, six pauvres petits enfants presque nus, grelottants, gisants à terre avec leurs parents, tous consumés par la misère et la maladie. De son mieux, elle nettoie et accommode le taudi; elle y porte en abondance vivres et vêtements. Plusieurs fois par semaine, on peut la voir parcourir les quatre kilomètres qui séparent Saint-Florent de sa maison, courbée sous le poids d'un lourd panier. Les passants regardent avec surprise l'ancienne mercière, naguère un peu vaniteuse et fort avare, dans sa rude tâche de charité. Les uns admirent sa conversion et ils en bénissent Dieu, d'autres la prennent pour une insensée, d'autres enfin sourient, un peu sceptiques, et attendent de voir combien de temps elle persévérera dans son beau zèle, un feu de paille croient-ils. Et à ceux qui lui demandent, intéressés ou narquois, où elle va en telle hâte et si pesamment chargée, Jeanne répond: «Habiller et nourrir mes petits jésus». On haussait les épaules et l'on passait sans comprendre. Jeanne, elle, avait compris; elle était dans la vérité. Aucune inclination spéciale, avouait-elle plus tard, ne la portait à secourir les indigents, ni à s'intéresser à leurs misères. «Mais lorsque j'entends Jésus-Christ dire dans l'Évangile: Tout ce que avez fait au moindre de mes frères, c'est à moi que vous l'avez fait, je tremble de mériter ce reproche au dernier jour: J'ai eu faim et vous ne m'avez pas donné à manger... Voilà ce qui me porte à tout ce que j'entreprends, à tout ce que je fais».

Ce qu'elle fait? Mais c'est tout ce que ferait quiconque saurait voir dans le pauvre, comme elle l'y voyait elle-même: Jésus-Christ. Elle le traite, quel qu'il soit, comme elle eût traité Jésus-Christ en personne, avec le même empressement dévoué, la même délicatesse raffinée, la même vénération respectueuse.

Pour la même raison, rien ne l'arrête, si grand que soit le nombre de ceux qui se présentent, si grande que soit l'étendue de leur détresse, l'immensité de leurs besoins. C'est Jésus et, parce que c'est Jésus, il ne peut jamais être question de l'éconduire, il doit toujours trouver tout prêts le vivre et le couvert, on doit toujours avoir place pour lui. On se serrera, on agrandira, on bâtira, on s'endettera, qu'importe: «Mon Dieu, disait-elle, ce sont vos dettes; vous les acquitterez quand bon vous semblera». Et le Père infiniment riche du divin Pauvre payait toujours les dettes contractées pour son Fils. Des secours imprévus arrivent du dehors, à point nommé. Les obstacles les plus insurmontables tombent d'eux mêmes. Le pain, l'étoffe, l'argent se multiplient entre ses doigts. Comment suffire à sa tâche sans cesse grandissante: elle n'a que ses deux bras. De vaillantes compagnes lui apportent les leurs, et voici un nouvel Institut religieux que bientôt l'autorité ecclésiastique approuve et que le peuple appelle spontanément la Providence et, sans beaucoup tarder, la Grande-Providence.

À la mort de Jeanne Delanoue, la Congrégation de Saint-Anne de la Providence avait déjà pris un développement considérable. Sur elle, comme sur toutes les familles religieuses, la bourrasque révolutionnaire a passé, mais sans la détruire. Depuis, le zèle et la charité ont dû faire front sans relâche aux épreuves multiples et variées, conséquences des persécutions, des guerres, des crises de toutes sortes. Et néanmoins, continuant saintement et développant l'œuvre de votre Mère, vous travaillez dans un grand nombre de maisons, toujours, comme elle, au service des pauvres.

Cf. Acta Pii Pp. XII, Allocutio Ad christifidelesqui Romam convenerant ad beatificationem Ioannae Delanoue Celebrandam (Habita die 10 mensis Novembris a. 1947): Acta Apostolicae Sedis 40 [1948], n. 1, pp. 36-40.

31 oct. 2016

Lutero: una "idea loca" que ha evolucionado en herejía y cisma, por Jorge Mario Bergoglio (1985/2013)



Lutero: una "idea loca" 
que ha evolucionado en herejía y cisma

por Jorge Mario Bergoglio (1985/2013)

Muchas veces, San Ignacio ha sido definido como el bastión de la Contrarreforma. Esto es verdad; sin embargo […] los jesuitas estaban más preocupados con Calvino que con Lutero. […] Habían descubierto con perspicacia que ahí se escondía el verdadero peligro para la Iglesia.

Calvino ha sido el gran pensador de la Reforma protestante, quien la ha organizado y conducido en el plano de la cultura, de la sociedad de la Iglesia; ha plasmado una organización que Lutero no se había propuesto. Éste, el alemán impetuoso que probablemente había proyectado al máximo dar vida a una Iglesia nacional, es releído y reorganizado por aquél francés frío, un genio latino versado en jurisprudencia, que era Calvino.

Lutero era visto como un hereje. Calvino, además, como un cismático. Me explico. La herejía –por usar la definición de Chesterton– es una idea buena que ha enloquecido. Cuando la Iglesia no puede curar su locura, entonces se transforma en un cisma. El cisma implica ruptura, división, separación, consolidación independiente; va creciendo por pasos sucesivos hasta conquistar una propia autonomía. San Ignacio y sus sucesores combatirán contra la herejía cismática.

Y, ¿cuál es el cisma calvinista que provocará la lucha de Ignacio y de los primeros jesuitas? Se trata de un cisma que afecta tres áreas: el hombre, la sociedad y la Iglesia. […]

– En el hombre, el calvinismo provocará el cisma entre razón y emoción. Separa la razón del corazón. En el plano emotivo, el hombre de aquél siglo, y bajo la influencia luterana, vivía la angustia por la propia salvación. Y, según Calvino, de esa angustia no había que preocuparse. Contaba solamente preocuparse de las cuestiones de la inteligencia y de la voluntad.

Este es el origen de la miseria calvinista: una disciplina rígida con una gran desconfianza a lo que es vital, cuyo fundamento es la fe en la total corrupción de la naturaleza humana, que puede ser ordenada solamente por la superestructura de la acción del hombre. Calvino cumple un cisma dentro del hombre: entre la razón y el corazón.

Más aún, Calvino provoca otro cisma en la razón misma: entre el conocimiento positivo y el conocimiento especulativo. Se trata del cientificismo que rompe la unidad metafísica y provoca un cisma en el proceso intelectivo del hombre. Todo objeto científico se asume como absoluto. La ciencia más segura es la geometría. Los teoremas geométricos serán una guía segura de referencia del pensamiento. Este cisma, que se da en la misma razón humana, afecta a toda la tradición especulativa de la Iglesia y a toda la tradición humanística. […]

– El cisma calvinista afecta también a la sociedad, que resultará dividida. Como portadoras de salvación Calvino privilegia las clases burguesas. […] Esto implica y comporta un revolucionario menosprecio de los pueblos. Ya no hay ni pueblo ni nación, y, al contrario, se configura una internacional de la burguesía.

Con un anacronismo podríamos aplicar aquí la fórmula de Marx: "Burgueses de todo el mundo, uníos", despreciando cualquier significado de la nobleza de los pueblos. Con esta actitud Calvino es el verdadero padre del liberalismo, que ha sido un golpe político al corazón de los pueblos, a su modo de ser y de expresarse, a su cultura, a su manera de ser cívica, política, artística y religiosa.

Probablemente en el plano social esto es más evidente en la elaboración, primero de Hobbes (según el cual los hombres debían convivir por medio del engaño y de la fuerza, mientras que el Estado, "moderno Leviatán", existía sencillamente para tener a raya los egoísmos y evitar la anarquía, legitimando una lógica de dominio, dado que ya no había ninguna ley natural), y después de Locke, mucho más sofisticado, pero no menos cruel.

Hobbes reivindica el "poder" sin corazón, con una justificación absolutista y racionalista. Locke reviste todo esto con una "compostura civil" y busca redefinir la sociedad excluyendo al pueblo.

La postura de Locke es la siguiente: parte de la admisión de un cierto derecho natural y se sirve del slogan "la razón enseña que…", para después deducir –como por magia– conclusiones que justifican ese cisma social: el hombre –puesto que supera la propia corrupción natural por medio del activismo– puede poseer el fruto de su trabajo siempre que ese fruto no sea corruptible. He aquí que nace la moneda y la índole monetarista del liberalismo.

Además, la razón enseña que el hombre tiene derecho a comprar trabajo. Y con esto se dan dos tipos de trabajadores: los que poseen bienes no corruptibles y los que no los poseen. El Estado tiene la función de mantener el orden entre estas dos categorías de trabajadores evitando la rebelión de estos contra los primeros. En el fondo, el pensamiento calvinista-cismático-liberal está reivindicando para el segundo grupo de trabajadores el poder de rebelión, lo que hoy llamaríamos la rebelión del proletariado. En última instancia, el marxismo es el hijo obligado del liberalismo.

– En tercer lugar, el cisma calvinista hiere a la Iglesia. […] Sustituye la universalidad del pueblo de Dios con el internacionalismo de la burguesía. […] Decapita el pueblo de Dios de la unidad con el Padre. Decapita todas las cofradías de los oficios privándolas de los santos. Y, suprimiendo la misa, priva al pueblo de Dios de la mediación en Cristo realmente presente. […]

En el fondo Calvino había intentado salvar al hombre, al que la perspectiva luterana había precipitado en la angustia. En Lutero se manifiesta la intención de salvar al hombre del paganismo del renacimiento, pero esa intención había evolucionado hacia una "idea loca", es decir, en herejía. Por eso Calvino, con la frialdad legislativa que le caracteriza, parte del angustioso planteamiento luterano y evoluciona así: el hombre está corrompido; por consiguiente, disciplina.

De aquí nace lo que conocemos como el "rigor protestante". Éste propone signos de salvación diferentes de aquellos católicos –los que hemos citado antes–, y el signo es el trabajo acumulativo. Casi como si pretendiera identificar los frutos del trabajo con los signos de la salvación. Podríamos simplificarlo de manera caricatural con este axioma: "Serás salvado si adquieres la riqueza que se obtiene con el trabajo". Y he aquí plasmada la clase burguesa.

–  A partir del planteamiento luterano, si somos coherentes, quedan solamente dos posibilidades entre las cuales optar en el curso de la historia: o el hombre se disuelve en su angustia y ya no es nada (y es la consecuencia del existencialismo ateo), o bien el hombre, basándose en esa misma angustia y corrupción, da un salto en el vacío y se autodefine superhombre (es la opción de Nietzsche).

En el fondo Nietzsche regenera a Hobbes, en el sentido de que la "última ratio" del hombre es el poder. El dominio es posible solamente contra el amor, a partir de la contraposición, en el hombre, entre la razón y el corazón. Un tal poder, como "última ratio", implica la muerte de Dios. Se trata de un paganismo que, en los casos del nazismo y del marxismo, adquirirá formas organizadas en sistemas políticos.

La perspectiva luterana, porque se fundamenta en el divorcio mismo entre la fe y la religión (efectivamente, concibe la fe como la única salvación, y acusa a la religión –los actos de religión, la piedad, etc.– de ser una mera manipulación de Dios), genera divorcio y cisma; comporta toda clase de individualismos que, en el plano social, afirman su hegemonía.

Toda hegemonía, tanto religiosa, política, social o espiritual, encuentra aquí su origen.

Jorge Mario Bergoglio (1985/2013)

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En 1985, cuando pronunció esta conferencia, Jorge Mario Bergoglio tenía 49 años y era rector del Colegio Máximo de San Miguel. De 1973 a 1979 había sido provincial de la Compañía de Jesús en Argentina. Se ha vuelto a publicar tal cual, en español, en un libro que ha autorizado de hecho, salido después de su elección como Papa:



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6 ene. 2016

Dios es Padre de todos los hombres, no sólo de los cristianos



San Pio V

225° Papa della Chiesa Cattolica; inizio Pontificato: 7, 17. I. 1566; fine Pontificato: 1. V. 1572; nome secolare: Antonio (Michele) Ghisleri; nascita: Bosco (Alessandria).

Dios es Padre de todos los hombres

CATECHISMUS ROMANUS
seu Catechismus ex decreto Concilii Tridentini ad parochos, 
Pii V Pontificis Maximi iussu editus, 4, 9, 2.

Cuál es la primera razón por que los cristianos llaman Padre aquí justamente a Dios.

Y [el párroco] sacará materia abundante para enseñar a los fieles las razones por que conviene a Dios el nombre de Padre, de los tratados de la creación, de la providencia y de la redención. Porque, habiendo Dios creado al hombre a su imagen, y no habiéndola grabado en los demás animales, por virtud de este don singular con que distinguió al hombre, con mucha razón se llama en las Sagradas Letras Padre de todos los hombres, no sólo de los cristianos, sino también de los infieles (cf. Dt 32, 6; Is 63, 16; Mal 1, 6, et in Novo Test. passim).

[Latine] Quae sit prima ratio ob quam hómines Deum mérito Patrem hic appellent.

Quibus autem ratiónibus Patris nomen Deo conveniat, suppeditavit facultas docendi fidelem pópulum ex locis creationis, gubernationis ac redemptionis. Nam cum Deus creáverit hóminem ad imáginem suam, nec illam céteris animántibus impertíverit; ex hoc singulari múnere, quo hóminem ornavit, iure omnium hóminum, nec fidelium modo, sed etiam infidelium Pater in divinis Scripturis appellatur (cf. Deut XXXII, 6; Isai LXIII, 16; Malach I, 6, et in Novo Test. passim).

SACRA SCRIPTURA

Liber Deuteronomii 32, 6

«¿Es ése el pago que dais a Yahveh, oh pueblo necio e insensato? ¿No es Él tu padre, que te creó, Él quien te hizo y te ha afirmado?». [Latine] «Haeccine redditis Domino, / popule stulte et insipiens? / Numquid non ipse est pater tuus, qui possedit te, / ipse fecit et stabilivit te?».

Liber Isaiae 63, 16

«¡Pues Tú eres nuestro padre! Ciertamente, Abraham no nos conoce ni nos reconoce Israel. Tú, Yahveh, eres nuestro padre; “nuestro redentor desde tiempo antiguo” es tu nombre». [Latine] «Tu enim pater noster. / Abraham enim nescit nos, / et Israel ignorat nos; / tu, Domine, pater noster, / redemptor noster: a saeculo nomen tuum».

Prophetia Malachiae 1, 6

«El hijo honra al padre y un servidor a su señor; si, pues, padre soy Yo, ¿dónde está mi debida honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor debido?, dice Yahveh Sábaoth, a vosotros, sacerdotes, menospreciadores de mi Nombre. Pero decís: “¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?”». [Latine] «Filius honorat patrem, et servus dominum suum. Si ergo pater ego sum, ubi est honor meus? Et si Dominus ego sum, ubi est timor meus?, dicit Dominus exercituum ad vos, o sacerdotes, qui despicitis nomen meum et dicitis: “In quo despeximus nomen tuum?”».

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